viernes, enero 29, 2010

Concentración de Poder y Libertad de Expresión.


Es verano en Chile, las vacaciones están en su apogeo, las noticias muestran lugares de veraneo e imagenes que dan envidia a los que estamos recluidos en ciudades mediterraneas que no están a orillas de algún río donde acudir a refrescarnos. Muchos tienen piscinas y disfrutan de ellas.

Pasadas las elecciones presidenciales, algunas noticias muestran los pasos que el Presidente electo da para conformar su equipo de gobierno. La mayor parte de las noticias, en la prensa, tienen que ver con las programaciones de la TV en especial sus teleseries, con el deporte, en especial el fútbol, las noticias policiales y algunas notas sobre el acontecer internacional, este último tratado en forma muy superficial pese a que posamos de ser uno de los paises más globalizados y abiertos del mundo. En Chile la prensa escrita, radial y de TV, es escasamente independiente. Los diarios están en manos de dos grandes Magnates cuyos negocios ocupan gran parte de la actividad empresarial del país. las radios en algunos casos están vinculadas a los mismos o son propiedad de cadenas extranjeras y la televisión en manos de la Iglesia Católica, del Presidente electo, Sebastian Piñera, de grupos de derecha y la televisión nacional con un directorio cuoteado entre todos los partidos.

Es preocupante que en el gobierno de derecha que comenzará en marzo, sin querer demonizarlo a priori, se genere una tan exagerada concentración de poder económico, político, financiero y comunicacional, se hará necesario fortalecer otros medios independientes como estos para transparentar, denunciar y promover iniciativas ciudadanas críticas.

jueves, enero 28, 2010

Al papa le hace falta un poco de marxismo

La nueva encíclica de Benedicto XVI Caritas in Veritate del 7 de julio último es una toma de posición de la Iglesia ante la crisis actual. El conjunto de las crisis que afectan a la humanidad y que conllevan amenazas severas sobre el sistema de la vida y su futuro, pediría un texto profético, cargado de urgencia. Pero no ha sido eso lo que hemos recibido sino una larga y detallada reflexión sobre la mayoría de los problemas actuales, que van desde la crisis económica al turismo, de la biotecnología a la crisis ambiental, y proyecciones sobre un Gobierno mundial de la globalización. El género no es profético, «el cual supondría un análisis concreto de una situación concreta» que posibilitaría emitir un juicio sobre los problemas a la vista en forma de denuncia-anuncio. Pero no está en la naturaleza de este papa ser profeta. Él es un doctor y un maestro. Elabora el discurso oficial del Magisterio, cuya perspectiva no viene de abajo, de la vida real y conflictiva, sino de arriba, de la doctrina ortodoxa que esfuma las contradicciones y minimiza los conflictos. La tónica dominante no es la del análisis, sino la de la ética, la de lo que deber ser.
Como no analiza la realidad actual, extremadamente compleja, el discurso magisterial permanece principista, equilibrista y se define por su indefinición. El subtexto del texto, lo no dicho en lo dicho, remite a una inocencia teórica que inconscientemente asume la ideología funcional de la sociedad dominante. Se nota ya al abordar el tema central ―el desarrollo― tan criticado hoy por no tener en cuenta los limites ecológicos de la Tierra. De esto la encíclica no dice nada. Su visión es que el sistema mundial se presenta fundamentalmente correcto. Lo que existen son disfunciones, no contradicciones. Ese diagnóstico sugiere la siguiente terapia, semejante a la del G-20: rectificaciones y no cambios, mejorías y no cambio de paradigma, reformas y no liberaciones. Es el imperativo del maestro: «corrección»; no el del profeta: «conversión».
Al leer el texto, largo y pesado, acabamos pensando: ¡qué bien le vendría al papa actual un poco de marxismo! Éste, a partir de los oprimidos, tiene el mérito de desenmascarar las oposiciones presentes en el sistema actual, sacar a la luz los conflictos de poder y denunciar la voracidad incontenida de la sociedad de mercado, competitiva, consumista, nada cooperativa e injusta. Ella representa un pecado social y estructural que sacrifica millones en el altar de la producción para el consumo ilimitado. Esto debería denunciarlo proféticamente el papa. Pero no lo hace.
El texto del Magisterio, olímpicamente por fuera y por encima de la situación conflictiva actual, no es ideológicamente «neutro» como pretende. Es un discurso reproductor del sistema imperante, que hace sufrir a todos especialmente a los pobres. No es cuestión de que Benedicto XVI lo quiera o no lo quiera, sino de la lógica estructural de su discurso magisterial. Por renunciar a un análisis crítico serio, paga un alto precio en ineficacia teórica y práctica. No innova, repite.
Y ahí pierde una enorme oportunidad de dirigirse a la humanidad en un momento dramático de la historia, a partir del capital simbólico de transformación y de esperanza contenido en el mensaje cristiano. Este papa no valora el nuevo cielo y la nueva Tierra, que pueden ser anticipados por las prácticas humanas, solamente conoce esta vida decadente, y por sí misma insostenible (su pesimismo cultural), y la vida eterna y el cielo que vendrán. Se aleja así del gran mensaje bíblico que tiene consecuencias políticas revolucionarias al afirmar que la utopía terminal del Reino de la justicia, del amor y de la libertad sólo será real en la medida en que se construyan y se anticipen, en los límites del espacio y del tiempo histórico, tales bienes entre nosotros.
Curiosamente, haciendo abstracción de nociones fideístas recurrentes («sólo a través de la caridad cristiana es posible el desarrollo integral»), cuando se «olvida» del tono magisterial en la parte final de la encíclica, habla de cosas sensatas como la reforma de la ONU, la nueva arquitectura económico-financiera internacional, el concepto de Bien Común del Globo y la inclusión relacional de la familia humana.
Parafraseando a Nietzsche: «¿cuánto análisis crítico es capaz de incorporar el Magisterio de la Iglesia?»

Leonardo Boff

miércoles, julio 22, 2009

PROFETAS EN DEMOCRACIA

Los tiempos dificiles nos ponen a prueba, esto parece un lugar común, una frasecita hecha para poner en una tarjeta pero, sin embargo, hoy por hoy estas simples palabras cobran vigencia, toda vez que vivimos tiempos complicados. Algunos podrán poner el acento en que la complicación viene por el lado económico, otros por el individualismo y la competencia o por la inseguridad, creyendo que todas estas opciones son legítimos argumentos para reafirmar la frase inicial, quiero hacer referencia a una dimensión del ser humano que ha tenido expresiones fuertes y heroícas, precisamente, en tiempos dificiles y esta no es otra que la "dimensión profética". Leyendo en la perspectiva de la teología de la liberación, la acción profética, derivada del ejercicio de esta dimensión, es la lectura de los signos de los tiempos denunciando todo aquello que oprime y esclaviza a las personas y anunciando un nuevo orden liberador.
Es así que, en tiempos dificiles en América Latina, ante la ausencia de democracia, hubo muchas y muchos que con distinta intensidad vivieron esta dimensión en los contextos en los que les tocó actuar. La llegada de la democracia pareciera haber adormecido el profetismo dando paso al acomodo y a la aceptación de situaciones visblemente contrarias a los valores que deciamos defender, algunos callamos para no perjudicar a nuestro sector o aceptamos lo que estamos dispuestos a criticar en otros. Y hay algunos que rasgan vestiduras frente a alguien que se atreve a ponerse en medio de los pobres para acompañarlos en su desgracia.
Necesitamos profetas, capaces de darse cuenta de las incoherencias del sistema que hemos construido y de las que tienen algunos en los que se ha depósitado la confianza de tomar decisiones. Ante un escenario de elecciones en Chile, se requiere que la ciudadanía elija a aquellos o aquellas que sean capaces de actuar contra la injusticia y proponer formas de convivencia que tengan como centro la dignidad de la persona, como sujeto de la historia y no como objeto de mis estrategias. Mas vale tarde que nunca.

martes, febrero 17, 2009

Teología y Liberación

Foro Mundial de Teología y Liberación
2009-02-13
Desde sus inicios, a finales de los años 60 del siglo pasado, este tipo de teología nació del esfuerzo por articular el discurso de la fe con el discurso de la sociedad en la perspectiva de los oprimidos. Su marca registrada fue y sigue siendo la «opción por los pobres y contra la pobreza». La perspectiva era y es global, de suerte que ya en los años 70 se organizaron los primeros Foros Mundiales de la Teología de la Liberación en Chicago, en México y en Brasil y continuaron hasta que la ceguera de sectores poderosos del Vaticano los prohibió. Como son ecuménicos por naturaleza, los foros siguieron realizándose regionalmente.
La aparición de los Foros Sociales Mundiales a partir del año 2001 proporcionó el espacio público para continuar estos encuentros globales, el primero en Porto Alegre en 2005, el segundo en Nairobi en 2007 y el tercero ahora en Belém.
Se perfiló mejor el estilo de la reflexión. En vez de hablar simplemente de Teología de la Liberación y resucitar así las discusiones del pasado, se prefirió hablar de Teología y Liberación. El sentido es confrontar la fe reflexionada y crítica (teología) con las formas de la opresión, que presentan las más diferentes caras, desde los niños consumidos como carbón en la máquina productivista, hasta masacres como las de Gaza. El discurso no es intraeclesiástico, a favor o contra las iglesias, sino público, orientado a la sociedad mundial. La cuestión central no es discutir el futuro del cristianismo, sino qué contribución puede dar éste a los verdaderos problemas humanos como son la perpetuación de la pasión de los pobres, el calentamiento global y sus eventuales consecuencias perversas.
El cristianismo no puede ser un superego castrador de temas importantes de la agenda mundial; debe ser una fuente de inspiración y de osadía para cuestionar el paradigma civilizatorio dominante que convierte a todos —ricos y pobres— en oprimidos, ahogados en el consumismo de bienes materiales, sin sentido de solidaridad y de cuidado hacia nuestro patrimonio común que es el planeta Tierra. Pero principalmente puede mostrarse fecundo en el compromiso, junto con los movimientos sociales —los verdaderos nuevos actores—, en el combate al sistema del capital productor de grandes injusticias, en la lucha por la tierra, negada a las grandes mayorías, y en la búsqueda de alternativas de producción y de vida.
Con razón es este tipo de cristianismo el único que posee mártires como la hermana Dorothy, el padre Jósimo y tanto otros en América Latina. De las burocracias eclesiásticas nunca salen místicos, santos ni mártires, sino solamente mediocres reproductores del establishment religioso.
En estos Foros de Teología y Liberación participaron más de mil personas venidas de todos los continentes, también de Europa y de Estados Unidos, lo que muestra la vitalidad de este tipo de pensamiento. Las autoridades doctrinarias del Vaticano se engañan cuando imaginan que con su disciplina han liquidado la Teología de la Liberación. Ésta nace del grito de la Tierra y de los pobres, y mientras sigan gritando habrá todas las razones del mundo para actuar de forma liberadora y elaborar a partir de ahí una teología. En cierta forma, sus intuiciones han pasado a ser patrimonio común del cristianismo contemporáneo, salvándolo del cinismo.
El tema de este año en Belém fue «Agua, Tierra y Ecología para otro mundo posible». Se partió de la confluencia de las distintas crisis, ligadas todas ellas a la falta de sostenibilidad del sistema-Tierra. El tema de la ecología se imponía. No como técnica de manejo de recursos escasos sino como nuevo paradigma de relación con la Tierra, considerada no como un medio de producción sino como un ser vivo, generador de toda la vida. Como dijo un discípulo de E. Morin, Patrick Viveret, biólogo y economista, en su conferencia «Un buen uso del fin de un mundo». Ahora se abre espacio para otro mundo no sólo posible sino necesario. El cristianismo está llamado a contribuir con su capital de respeto y de cuidado.


Leonardo Boff

sábado, diciembre 06, 2008

Piñera el Travesti

Antes de conocer a Sebastián Piñera tuve el placer de departir con su padre, don José, que en plena dictadura me invitaba a tomar el té a su departamento en El Golf. Era un caballero con mucho mundo, que se manchaba las camisas con mermelada de ciruelas, un señor ilustrado, nervioso, interesante, sin pelos en la lengua, que no se hacía problemas de pelar directamente a sus hijos y a la madre de éstos, de la que se había separado siendo ambos ancianos, en no muy buenos términos según su propia versión.También conocí a don Bernardino, el tío cura del actual candidato, siendo yo una adolescente, cuando mis abuelos lo contrataban para ir a decir misa a nuestro fundo familiar. Curiosamente, mis padres y abuelos son completamente agnósticos pero propietarios de una capilla de más de doscientos años adosada a nuestra casa-hacienda. Una vez al año, don Bernardino era convocado para alegría de los inquilinos que aprovechaban de bautizar sus guaguas, hacer la confirmación y confesarse. Recuerdo que llegaba de buen humor, exigiendo su cazuela de pava, de la que se comía tres platos una vez concluida la tarea apostólica. A Sebastián Piñera lo conozco hace dos décadas. Lo entrevisté unas diez veces por lo menos para diversos canales de televisión: lanzándose en parapente, cocinando huevos fritos, afeitándose semi desnudo en el baño principal de su casa de Camino La Viña sólo cubierto por una toalla –debo consignar que yo estaba completamente vestida-, en un set con bailarinas emplumadas, ejercitando su laxa musculatura en un gimnasio, acompañado de dos de sus hijos, o mostrándome su dormitorio y su enorme cama matrimonial [la misma en que se reunió con Andrés Velasco y Pérez Yoma cuando estaba convalesciente de su cirugía estética], en fin, en las más curiosas situaciones. Todas esas entrevistas tenían por objeto –para mí- hablar de política y -para él- mostrar aspectos desconocidos de su personalidad. En materias sociales, legislativas, económicas o de política internacional, Piñera es conocido entre los periodistas como "livianito", un señor con ideas más vistosas que profundas, que no se sale de un decálogo de frases populistas y en ningún caso muestra la consistencia de un estadista En cambio, cuando se trata de exhibirse como personaje mediático se convierte en un entrevistado creativo, generoso, articulado, dispuesto a todo y que jamás elude las preguntas complicadas, tanto así que hasta hoy me recrimina cierta indiscreción que según él lo obligué a cometer en un programa en directo y que le trajo algunos problemas familiares. Creo conocer lo suficiente al actual candidato a la presidencia como para afirmar que Miguel Juan Sebastián Piñera Echenique es muchas cosas, pero sobre todo un travesti. No sólo por el detalle patético de que usa tacos altos, se somete a cirugías estéticas –cualquier día se pone tetas- y se pasea por los canales de televisión con un estuche de cosméticos en la cartera.Piñera es un travesti en el plano social. Un tipo que creció en una familia de estricta clase media, que no tiene la cultura de su padre ni el encanto deschavetado de su madre, y que desde temprano mostró tendencia al arribismo. Siempre soñó con tener estatus. Sus compañeros del Verbo Divino lo recuerdan como un alumno desmesuradamente competitivo que vivía obsesionado con ganar los primeros puestos, tener acceso al poder económico, codearse con los chilenos de estirpe, comprarse una identidad aristocrática. Desde joven era entrador, práctico y realista. Captó sin demora que carecía de la brillantez intelectual de su hermano José y también que le costaba sofisticar sus gustos y modales más allá de lo cosmético, pero se hizo millonario gracias a la dictadura de Pinochet, a través de negocios especulativos, sin haber creado fuente de trabajo alguna y profitando de las obscenas reglas laborales impuestas por su hermano ministro, regalón del tirano. Lo triste es que ni todo su poder adquisitivo puede comprar clase, cosa que a sus sesenta años cree haber obtenido mientras la oligarquía tradicional chilena lo considera hasta hoy un aparecido, siútico, mal agestado, sin cuello y con los bracitos cortos, algo chabacano, farandulero y muy poco fino, particularmente cuando ostenta sus millones, sus propiedades y sus ganancias. Piñera es un travesti en el plano de la seducción. A Sebastián no le iba muy bien con las mujeres. De joven era feúcho, bajito y mal hecho, además de indiferente a los encantos femeninos. Cuando le resultaban sus escarceos con alguna muchacha, resultaba ser demasiado popular para sus planes de subir en la escala social, así que se casó con su primera polola oficial, una joven sin alcurnia como él, pero perfecta para ejercer de la clásica esposa medio pelo, dispuesta a anularse sin tregua para dedicarse a su familia y a apoyar a su marido en el proyecto de convertirse en nuevo rico. Hoy, dicen que se siente sexy. El dinero lo ha transformado en un galán. Le gusta rodearse de mujeres atractivas, como Pía Guzmán –antes de la debacle-, Lily Pérez, y, sobre todo, la estupenda Carmen Ibáñez. Eran íntimos amigos, inseparables, veraneaban juntos incluso, hasta que algún acontecimiento misterioso quebró esa cercanía. Piñera es un travesti en el plano de los negocios. Dicen que el actual magnate y candidato era gerente general del viejo Banco de Talca cuando éste quebró estrepitosamente. No debe haber sido muy brillante su gestión si esos fueron los resultados. Pero claro, entonces administraba la plata de otros.Es un experto en fusionar empresas y volverlas monopólicas, obteniendo así enormes elusiones tributaria al absorber las pérdidas de unas con las utilidades de otras.Piñera es un travesti en el plano intelectual. Astuto, rápido, inquieto, no es, sin embargo, un tipo culto. En su juventud se empeñó en convertirse en el más morenito de los neo capitalistas de su generación que fueron a doctorarse a los Estados Unidos. Tal cosa fue posible para él, gracias al pituto espectacular que le proporcionaba su hermano José, que ya era el mejor alumno en Harvard, muy bien considerado por el cuerpo académico y directivos de esa universidad. Fue el pivote perfecto para hacer fortuna junto con la hornada de nuevos ricos que apareció en los ochenta, en plena dictadura.Sus temas e intereses no van mucho más allá de las ventajas de la economía de mercado. No es un conocedor del arte ni de otras disciplinas del saber. Prefiere los best-sellers a lecturas más complejas. Según él, toda buena idea debe caber en una hoja tamaño carta. Y –como conoce sus limitaciones culturales-se siente más cómodo en escenarios superficiales, frívolos, que en alguno en que puedan ponerse a prueba sus conocimientos.Piñera es un travesti mediático. Convencido de que es algo así como el Berlusconi del tercer mundo, el candidato del neoliberalismo concentra todos sus esfuerzos en el trabajo mediático, es uno de los máximos personajes de la farándula nacional, y al mismo tiempo abomina de ese género e intenta "domesticarlo". Adquirió un canal y se compró también unos cuantos ejecutivos de la industria televisiva con el objeto de que apoyen centralmente su campaña. Para él, los medios de comunicación deben usarse como difusores del pensamiento único, conservador, retardatario, consumista, xenófobo y arribista, todo lo cual él considera "moderno". Entiende como fundamento de la sociedad democrática el que los ciudadanos son consumidores. Los consumidores determinan la producción mediante su demanda. Consumidor y elector son –desde la óptica piñerista– la misma cosa. Cada individuo elige con total libertad los bienes que puede comprar [si eres pobre, te endeudas] así como elige a sus representantes en el gobierno, en el parlamento y en el municipio. Pero esta doble calidad de consumidores y electores pasa a ser peligrosa para sus intereses en la medida que el rating, el zapping y el telecomando comprometen la exhibición continua de las miserias de los estigmatizados sectores populares, las enormes falencias de la democracia, los actos de corrupción de los políticos [sobre todo los de su bando], la verdadera ideología autoritaria de la derecha y, quién sabe, hasta la posibilidad de liderazgos completamente distintos a los oficiales. Ahora usa su canal para posar de estadista, serio y profundo, cuando en 1992 todos fuimos testigos del bochornoso episodio en que insultaba de la manera más vulgar a su correligionaria Evelyn Matthei y complotaba contra ella usando un vocabulario muy poco caballeroso. Piñera es un travesti político. Dice que votó por el NO. ¿Producto de una tendencia mitomaníaca y de una innegable habilidad para construirse leyendas? Probablemente, porque tal cosa es abiertamente contradictoria con su irrestricto apoyo al régimen militar y el silencio que mantuvo durante dos décadas respecto de la tortura y los asesinatos políticos. Lo que no cabe duda es que se trata del mayor de sus rasgos de travestismo: fue pinochetista desde 1973 hasta 1988, fecha en la que según él pasó a ser "humanista cristiano". Pero tras esa oportuna epifanía no entregó su aporte a la construcción de la democracia sino que asumió como la mano derecha del candidato de Pinochet a la presidencia: Hernán Büchi. En 1989, el travesti Piñera derrochó entusiasmo como Jefe de Campaña del continuismo dictatorial. Tampoco se afilió al partido que recoge la vertiente "humanista cristiana" que él dice profesar –la DC-sino que se sumó al aparato político que se creó para salvaguardar "la obra" de Pinochet durante la transición: Renovación Nacional. En 1995 promovió la amnistía de los crímenes de la dictadura y en el 2005 los militares en retiro apoyaron su candidatura tras recibir su compromiso de aplicar la prescripción de los asesinatos políticos. Voltereta sobre voltereta: este pinochetista arrepentido, ha vuelto a valorar los supuestos méritos del régimen militar la semana recién pasada. La inconsistencia parece ser el sello personal de Piñera. Su sed de dinero, posición y poder lo han transformado en una caricatura de sí mismo, un pelele sonriente que vende una pomada jabonosa, contradictoria y oportunista. Un travesti.Escribe Pamela Jiles