jueves, febrero 09, 2012

Carlos cortes

Prueba

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martes, enero 17, 2012

MALA CALIDAD DE VIDA EN VILLA ALEMANA.

Estudio sobre calidad de vida en 66 comunas mas grandes del país, hecho por El Mercurio el 2011, coloca a Villa Alemana en el Lugar 61. Construido en base a diversos indicadores nos pone en el lugar 65 en áreas verdes, 56 en salud, 56 en transportes, 59 en temas que tiene que ver con ocupación y población bajo la línea de la pobreza. Los mejores lugares lo ocupan educación, donde el indicador es un promedio que incluye a subvencionados y particulares pagados (SIMCE y PSU) y seguridad donde la ponderación se realiza sobre la encuesta ENUSC 2010, no considerando la ola de robos que han afectado a varios sectores de la comuna en los últimos meses. En resumen, poseemos una de los peores evaluaciones en la calidad de vida comunal del país.
Una ciudadanía informada debe considerar la elección de autoridades preparadas para revertir este desastre al que nos ha llevado la última gestión alcaldicia

lunes, noviembre 21, 2011

¿Por qué continúa existiendo la Iglesia-poder?

  Voy a abordar un tema incómodo, pero ineludible: ¿cómo puede la institución-Iglesia, tal como la he descrito en un artículo previo, con características autoritarias, absolutistas y excluyentes, perpetuarse en la historia? La ideología dominante responde: «sólo porque es divina». En realidad, este ejercicio de poder no tiene nada de divino. Es exactamente lo que Jesús no quería. Él quería la hierodulia (servicio sagrado) y no la hierarquia (poder sagrado). Pero ésta última se impuso a través de los tiempos.
Las instituciones autoritarias suelen tener una misma lógica de autorreproducción. Con la Iglesia-institución no es diferente. En primer lugar, ella se juzga la única verdadera y retira el título de «iglesia» a todas las demás. Luego crea un marco riguroso: un pensamiento único, una única dogmática, un único catecismo, un único derecho canónico, una única forma de liturgia. No se tolera la crítica ni la creatividad, consideradas negativas o denunciadas como creadoras de una Iglesia paralela o de otro magisterio.
En segundo lugar, se usa la violencia simbólica del control, de la represión y del castigo, frecuentemente a costa de los derechos humanos. Fácilmente el cuestionado es marginado, se le niega el derecho de predicar, de escribir y de actuar en la comunidad. El entonces cardenal. Joseph Ratzinger, presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, durante su mandato castigó a más de cien teólogos. Con esta misma lógica, los pecados y crímenes de los sacerdotes pedófilos u otros delitos, como los financieros, se mantienen ocultos para no perjudicar el buen nombre de la Iglesia, sin el menor sentido de justicia hacia las víctimas inocentes.
En tercer lugar, se mitifican y casi se idolatran las autoridades eclesiásticas, principalmente el Papa, que es el «dulce Cristo en la Tierra». Pienso para mí mismo: ¿qué dulce Cristo sería el Papa Sergio (904), asesino de sus dos predecesores, o el Papa Juan XII (955), elegido a la edad de 20 años, adúltero y muerto por el marido traicionado, o peor, el Papa Benedicto IX (1033), elegido con 15 años de edad, uno de los más criminales e indignos de la historia del papado, que llegó a vender la dignidad papal por 1000 liras de plata?
En cuarto lugar, se canonizan figuras cuyas virtudes se encuadran en el sistema, como la obediencia ciega, la continua exaltación de las autoridades y el «sentir con la Iglesia (jerarquía)», muy al estilo fascista según el cual «el jefe (Duce, o Führer) siempre tiene razón».
En quinto lugar, hay personas y cristianos de naturaleza autoritaria que aprecian por encima de todo el orden, la ley y el principio de autoridad en detrimento de la lógica compleja de la vida que tiene sorpresas y exige tolerancia y adaptaciones. Ellos secundan este tipo de Iglesia, así como los regímenes políticos autoritarios y dictatoriales. Es más, hay una estrecha afinidad entre los regímenes dictatoriales y la Iglesia-poder, tal como se ha podido ver con los dictadores Franco, Salazar, Mussolini, Pinochet y otros. Los sacerdotes conservadores fácilmente son hechos obispos, y los obispos fidelísimos a Roma son promovidos, fomentando el servilismo. Este bloque histórico-social-religioso cristalizó, garantizando la continuidad de este tipo de Iglesia.
En sexto lugar, la Iglesia-poder conoce el valor de los ritos y símbolos, pues refuerzan la identidad conservadora, pero cuida menos sus contenidos, con tal que se mantengan inalterables y sean estrictamente observados.
En razón de esta rigidez dogmática y canónica, la Iglesia-institución no es vivida como hogar espiritual. Muchos emigran. Dicen sí al cristianismo y no a la Iglesia-poder con la cual no se identifican. Se dan cuenta de las distorsiones hechas a la herencia de Jesús que predicó la libertad y exaltó el amor incondicional.
No obstante estas patologías, tenemos figuras como el Papa Juan XXIII, dom Helder Câmara, don Pedro Casaldáliga, don Luiz Flávio Cappio y otros, que no reproducen el estilo autoritario, ni se presentan como autoridades eclesiásticas sino como pastores en medio del Pueblo de Dios. Pero a pesar de estas contradicciones, hay un mérito que es importante reconocer: este tipo autoritario de Iglesia nunca ha dejado de trasmitir los evangelios, aunque sea negándolos en la práctica, permitiéndonos así el acceso al mensaje revolucionario del Nazareno. Ella predica la liberación, pero generalmente son otros los que liberan.


jueves, agosto 11, 2011

La violencia del modelo y la violencia juvenil.


Los encapuchados de hoy, el lumpen de siempre, los flaites, las masas inconscientes, los marginados, los pobres en definitiva la pesadilla de los que más tienen, como en Los Invasores de Egon Wolf.

Los inmigrantes y vándalos ingleses que destruyen e incendian todo lo que encuentran a su paso en distintas ciudades del Reino Unido que, fastuosamente, celebró, hace poco tiempo, las bodas del príncipe.

Antes fueron los piqueteros en Argentina, los indignados en España, los jóvenes inmigrantes franceses, el caracazo en Venezuela.

Así, históricamente, podríamos hacer una larga lista de estallidos sociales muy violentos precedidos por situaciones de injusticia, en sociedades donde el lujo y la opulencia de unos pocos, a costa de la explotación de las mayorías, ahogaba y violentaba el derecho a una vida digna de quienes sin tener representación alguna, ni ser satisfechos en sus necesidades más básicas, no les quedó otra que expresar su rabia contenida de la forma más inadecuada para quienes vivimos en la “normalidad” .

En nuestro país, desde hace unos 30 años se ha venido consolidando un modelo económico capitalista neo liberal, orgullo de los gobiernos de la Concertación gobernante por 20 años, celebrado por la derecha que hoy tiene el poder. Este modelo nos ha colocado como uno de los países con la peor distribución del ingreso entre los de la OCDE, más del 65% de los trabajadores gana menos de $ 364.000, el 11% gana apenas el sueldo mínimo de $ 182.000. Esto sin hacer la distinción de empleos temporales e informales con ingresos variables que en muchos casos están bajo el ingreso mínimo mensual y el 85% menos de 4 ingresos mínimos mensuales es decir $728.000. El 19.5% de los jóvenes entre 18 a 25 años no realiza ninguna En este contexto subsisten familias que con muchísimo esfuerzo, intentan educar a sus hijos, alimentarse en forma adecuada, ahorrar para acceder a una vivienda, pagar arriendo o dividendo por la misma.

Esta situación, en la que una gran mayoría observa la opulencia de unos pocos que acceden a vacaciones en lugares exóticos, adquieren autos de lujo y viven segregados en barrios con acceso a servicios propios del primer mundo, es una agresión violenta a quienes viven en la estrechez, en el hacinamiento, endeudados y ahogados por el sistema que basa su exitismo en  el sufrimiento de muchos. Esta violencia que el modelo desata sobre los ciudadanos y especialmente sobre los jóvenes engendra respuestas violentas, ahí donde las esperanzas y los proyectos de vida no existen, ahí donde las políticas públicas de integración y rehabilitación han fracasado, ahí donde el sistema educacional expulsa, ahí donde nos cambiamos de vereda para evitar el rostro ajado por el alcohol u otra droga, ahí se están incubando  respuestas transgresoras y agresivas por parte de “los que sobran”.

Si el Gobierno no es capaz de leer en la violencia juvenil los síntomas de un modelo que se agota y solo la usa para deslegitimar el movimiento ciudadano que,  por ahora, se expresa en forma ordenada y pacífica, será, el mismo responsable de situaciones que hasta hace poco, obnubilados por nuestra imagen país, ni siquiera imaginábamos.


Carlos Cortés Segovia.
Profesor de Historia.