miércoles, octubre 17, 2018

Del Día del Profesor al Día del Maestro

Como soy profesor, hijo, hermano, sobrino y esposo de profesoras y profesores mis reflexiones en este Día del Profesor van siempre en la línea de destacar la vocación, la incidencia sobre las vidas de estudiantes y familias y la importancia de los docentes en la construcción de un mundo mejor. Hoy quiero llamar la atención sobre la situación apremiante que viven muchos profesores que son agredidos cotidianamente por estudiantes y apoderados y que les hacen vivir en una tensión permanente, el mejor regalo que las autoridades les pueden hacer a los docentes en este día, es que más allá de las reacciones mediáticas frente a casos graves pero puntuales, se adopten medidas para devolver el respeto que antaño teníamos a la profesión docente.
Hoy muchos niños y niñas llenarán de flores y besos a sus profesoras y profesores para celebrar el Día del Profesor, ojalá que, muy pronto, de nuevo estemos, como antes, festejando con respeto y admiración el Día del Maestro y la Maestra.
Un abrazo a mis colegas, a los más cercanos y, especialmente a los de San Pedro

miércoles, diciembre 06, 2017

Navidad: fiesta de la humanidad de Dios y de la comensalidad humana

La Navidad está llena de significados. Uno de ellos ha sido secuestrado por la cultura del consumo que, en vez del Niño Jesús, prefiere la figura del vejete bonachón, Papá Noel, porque es más llamativo para los negocios. El Niño Jesús, por el contrario, habla del niño interior que llevamos siempre dentro de nosotros, que siente necesidad de ser cuidado y que, una vez que ha crecido, tiene el impulso de cuidar. Es ese pedazo de paraíso que no se ha perdido totalmente, hecho de inocencia, de espontaneidad, de encanto, de juego y de convivencia con los otros sin ninguna discriminación.
Para los cristianos es la celebración de la “proximidad y de la humanidad” de nuestro Dios, como se dice en la epístola a Tito (3,4). Dios se dejó apasionar tanto por el ser humano que quiso ser uno de ellos. Como dice bellamente Fernando Pessoa en su poema sobre la Navidad: «Él es el eterno Niño, el Dios que faltaba; el divino que sonríe y que juega; el niño tan humano que es divino».
Ahora tenemos un Dios niño y no un Dios juez severo de nuestros actos y de la historia humana. Qué alegría interior sentimos cuando pensamos que seremos juzgados por un Dios niño. Más que condenarnos, quiere convivir y entretenerse con nosotros eternamente.
Su nacimiento provocó una conmoción cósmica. Un texto de la liturgia cristiana dice de forma simbólica: «Entonces las hojas que parloteaban, callaron como muertas; el viento que susurraba, quedó parado en el aire; el gallo que cantaba se calló en medio de su canto; las aguas del riachuelo que corrían, se estancaron; las ovejas que pastaban, quedaron inmóviles; el pastor que erguía su cayado quedó como petrificado; entonces, en ese preciso momento, todo se paró, todo se silenció, todo se suspendió: nacía Jesús, el Salvador de las gentes y del universo».
La Navidad es una fiesta de luz, de fraternidad universal, fiesta de la familia reunida alrededor de una mesa. Más que comer, se comulga con la vida de unos y otros, con la generosidad de los frutos de nuestra Madre Tierra y del arte culinario del trabajo humano.
Por un momento olvidamos los quehaceres cotidianos, el peso de nuestra existencia trabajosa, las tensiones entre familiares y amigos y nos hermanamos en alegre comensalidad. Comensalidad significa comer juntos reunidos en la misma mesa como se hacía antes: toda la familia se sentaba a la mesa, conversaban, comían y bebían, padres, hijos e hijas.
La comensalidad es tan central que está ligada a la aparición del ser humano en cuanto humano. Hace siete millones de años comenzó la separación lenta y progresiva entre los simios superiores y los humanos, a partir de un antepasado común. La singularidad del ser humano, a diferencia de los animales, es la de reunir los alimentos, distribuirlos entre todos comenzando por los más pequeños y los mayores, y después los demás.
La comensalidad supone la cooperación y la solidaridad de unos con otros. Fue ella la que propició el salto de la animalidad a la humanidad. Lo que fue verdad ayer, sigue siendo verdad hoy. Por eso nos duele tanto saber que millones y millones de personas no tienen nada para repartir y pasan hambre.
El 11 de septiembre de 2001 sucedió la conocida atrocidad de los aviones que se lanzaron sobre las Torres Gemelas. En ese acto murieron cerca de tres mil personas.
Exactamente en ese mismo día morían 16.400 niños y niñas con menos de cinco años de vida; morían de hambre y de desnutrición. Al día siguiente y durante todo el año doce millones de niños fueron víctimas del hambre. Y nadie quedó horrorizado ni se horroriza delante de esta catástrofe humana.
En esta Navidad de alegría y de fraternidad no podemos olvidar a esos que Jesús llamó “mis hermanos y hermanas menores” (Mt 25, 40) que no pueden recibir regalos ni comer alguna cosa.
Pero no obstante este abatimiento, celebremos y cantemos, cantemos y alegrémonos porque nunca más estaremos solos. El Niño se llama Jesús, el Emanuel que quiere decir: “Dios con nosotros”. Viene bien a la ocasión este pequeño verso que nos hace pensar sobre nuestra comprensión de Dios, revelada en Navidad:
Todo niño quiere ser hombre.
Todo hombre quiere ser rey.
Todo rey quiere ser ‘dios’.
Solo Dios quiso ser niño.
Feliz Fiesta de Navidad del año de gracia de 2014.

miércoles, noviembre 19, 2014

Primer Congreso de Trabajadores a Honorarios de Chile

En nuestro país, cerca de 250.000 trabajadoras y trabajadores a honorarios se desempeñan en el sector público, lo que representa más de la mitad de toda la dotación laboral del Estado. Esta forma contractual constituye una violación a los derechos fundamentales de todas las personas bajo este régimen, puesto que no es un contrato laboral, sino comercial, que ignora su condición de trabajadoras/es esenciales del servicio público; no reconoce sus derechos laborales ni garantías de ningún tipo; les niega el acceso a la salud pública; y les mantiene con contratos renovables cada tres, seis o doce meses. Y esto, año tras año, a veces a lo largo de toda una vida de trabajo. Esta situación convierte al Estado chileno en el peor empleador de nuestro país, cuyo funcionamiento se basa en el trabajo precario, menoscabando un correcto cumplimiento de las funciones y políticas públicas que afectan el bienestar de todas las personas que son partes de ellas. Frente a esto, consideramos imprescindible redefinir tanto las relaciones laborales dentro del aparato público, como la visión y misión del Estado. No queremos un Estado subsidiario que cubra las externalidades negativas del Mercado, sino un Estado protagonista garante de los derechos sociales fundamentales y que tenga como centro de los cambios a los Trabajadores y Trabajadoras. Creemos que es posible avanzar de forma clara en este camino, pero también somos conscientes de que los cambios no se generarán por si solos, puesto que hasta el momento las autoridades se han mostrado cómodas con este sistema de contratación, generando trabajadoras y trabajadores de primera, segunda y tercera categoría. Conscientes de esta situación es que las trabajadoras y los trabajadores a honorarios del país han comenzado hace un tiempo a organizarse y han logrado echar las bases de la Unión Nacional de Trabajadoras y Trabajadores a Honorarios de Chile, cuya bandera de lucha es mejorar las condiciones laborales de los funcionarias y funcionarios a honorarios del sector público. Para ello ha generado una serie de acciones que han buscado posicionar y visibilizar nuestras problemáticas, pero también fortalecer nuestro naciente movimiento a nivel local, regional y nacional. Bajo este marco, convocamos a todas las trabajadoras y todos los trabajadores contratados a honorarios del país, como a las organizaciones que refieran a esta causa, a participar del Primer Chile, a realizarse el día sábado 22 de noviembre en el Centro de Extensión del Instituto de Previsión Social. La dirección es Amunátegui 76, Santiago, entre las 8.30-18.30 horas. En esta instancia esperamos generar un espacio de encuentro, reflexión y articulación entre las distintas organizaciones de funcionarios y funcionarias participantes, así como levantar algunas nuevas que aún no se han constituido como tales, pero sobre todo legitimarnos y fortalecernos como un solo movimiento social con objetivos, estrategias y discurso político claro sobre las propuestas que resuelvan nuestra precarizada situación laboral.