jueves, noviembre 03, 2005

Mi compromiso de Fe.

Las utopias, los sueños, las cosmovisiones ideológicas o religiosas suelen, hoy por hoy, chocar violentamente con la realidad y ser presas del cautiverio de la nueva Babilonia, que con sus luces, sus espejos, sus máquinas dispensadoras de dinero, han atrapado a la solidaridad, al amor al prójimo, al placer de lo gratuito. Aquí todo tiene precio de oferta, pagado en cómodas cuotas con dinero plastico.

Vivimos una crisis de la participación, se palpa en algunas sectores de nuestra sociedad una apatía y los que subsistimos como participantes de organizaciones comunitarias, centros de padres, partidos pólíticos e iglesias vemos con un dejo de frustración la escasa convocatoria que producen las iniciativas que organizamos o el tremendo esfuerzo que nos significa organizar y realizar alguna acción con poca colaboración. Personalmente me ha tocado una experiencia colegial y religiosa donde esta sintomatología se ha manifestado; un gran esfuerzo, un significativo afan y una escasa participación.

Esta experiencia me ha hecho reflexionar sobre la calidad de nuestro ejercicio de un liderazgo democrático y representativo de las organizaciones en las que somos dirigentes, cuando nos constituimos en una elite, aunque seamos progresistas, bien intencionados y entregados al servicio de los demás, si no tenemos prácticas que incorporen a otros, en el diseño de las propuestas, en la ejecución de las mismas y en su evaluación y control seguiremos solos y lo peor de todo reproduciendo el modelo de ejercicio del poder que provoca esta apatía.

En el tema de religioso me he cuestionado mi militancia como cristiano comprometido con una teología que ponga su acento en la liberación de las ataduras que nos atrapan en las comodidades de la Babilonia del siglo XXI, en el encuentro comunitario, en el compartir la vida y en la anticipación del Reino a través de la construcción de un orden social más justo, sobretodo para los más postergados. Esto significa mirar y evaluar la pertinencia de la evangelización que realizamos, cuestionar nuestras iniciativas y discernir que modelos teológicos y sociales subyacen en las prácticas que tenemos. Alberto Hurtado, nuevo santo de Chile ha puesto en evidencia la necesidad de revisar el rol de la Iglesia y de los cristianos en este país.

Comparto un poema - oración de Ronaldo Muñoz, sacerdote y teólogo chileno

La Iglesia que amo


Pocas catedrales de canto y oro,
muchas capillas de barro y tabla.

Pocos ricos adiestrados a la indiferencia,
muchos pobres expertos en pasión compartida.

Pocos letrados calculadores y prudentes,
muchos sencillos que saben de fe y de esperanza.

Pocos doctores muy seguros de su doctrina,
muchos testigos que escuchan de verdad.

Poco poder de fariseos y sacerdotes de carrera,
mucho servicio humilde a los hermanos más pequeños.

Pocos proyectos de dólares y marcos,
muchas mingas de sudor y canto.

Pocas ceremonias en palacios y cuarteles,
muchas fiestas en aldeas y barrios marginales.

Pocas bendiciones de armas, bancos y gobiernos,
muchas marchas de paz, justicia y libertad.

Poco temor al Dios del castigo y de la muerte,
mucho respeto al Dios del amor y de la vida.

Poco culto de espaldas al pueblo
a Cristo rey eterno en las alturas;

Mucho amor y seguimiento a Jesús el de María,
Compañero, Profeta, Hijo del Padre.

Poco, cada vez menos,
mucho, cada vez más.


Ronaldo MUÑOZ, ChileAbril

3 comentarios:

cristian dijo...

¡Quién es este w...de Ronaldo Muñoz, de adónde salió? Es un amargado y resentido social.

cristian dijo...

Yendo a la fuente, descubrì que este cura Ronaldinho forma parte de la Teologìa de la Liberaciòn. Y como escribo tan mal, preferí copiarte un artículo que se refiere a la opiniòn del Papa Juan Pablo II (supongo que a él no lo criticarás) acerca de esta corriente de pensamiento dentro de la Iglesia Católica:



Juan Pablo II y la "Teología de la liberación"

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El 16 de Octubre de 1979 es elegido Papa Juan Pablo II. A la fecha son muchas acciones en servicio a la Iglesia que sobresalen. Sus infatigables viajes iniciados con el de México (1979) han removido hondamente al mundo entero.
En 1985 convocó un Sínodo Extraordinario de los Obispos para reflexionar sobre el Concilio Vaticano II, y urgir a los fieles en su conocimiento y aplicación. Sobresale, sin lugar a dudas, su preocupación por desenmascarar una corriente de pensamiento que se denomina Teología de la Liberación.

En agosto de 1984 el Santo Padre Juan Pablo II aprobó una Instrucción de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe que pretende: "atraer la atención de los pastores, de los teólogos y de todos los fieles, sobre las desviaciones y los riesgos de desviación, ruinosos para la fe y para la vida cristiana, que implican ciertas formas de la teología de la liberación que recurre, de modo insuficientemente crítico, a conceptos tomados de diversas corrientes del pensamiento marxista".

Se trata, por tanto, de toda una "corriente de pensamiento que, bajo el nombre de `teología de la liberación' propone una interpretación innovadora del contenido de la fe y de la existencia cristiana que se aparta gravemente de la fe de la Iglesia, aún más, que constituye la negación práctica de la misma".

La llamada "teología de la liberación" asume el análisis marxista de la realidad y sus principios: a) materialismo histórico: que señala que las causas de los acontecimientos históricos son exclusivamente económicas y la historia es la historia de la lucha de clases, y b) la praxis: la verdad no es, sino se hace; lo que importa es la ortopraxis.

Estos principios de corte marxista los aplican a la interpretación del Evangelio y la práctica pastoral con lo que logran desfigurar nuestra fe. Para la "Teología de la liberación".

Jesucristo: es considerado no como verdadero Dios Encarnado que, con su Muerte y Resurrección, nos ha redimido, sino como un símbolo de la humanidad que lucha por la liberación de los "opresores" y que muere en defensa de los pobres;
La Iglesia: debe tomar parte en la lucha pues la "neutralidad" es imposible ya que equivale a estar con los poderosos. De ahí que debe tener una "opción preferencial por los pobres" y constituirse en "Iglesia del pueblo" que nace del pueblo, y que reconoce la jerarquía sacramental que es "clase dominante" y por tanto debe ser combatida. (Puebla, nn. 262- 263).
La fe es reducida a "fidelidad a la historia"; la esperanza a "confianza en el futuro"; la caridad a la "opción por los pobres".
Los sacramentos: son "celebraciones del pueblo que lucha por la liberación": se indoctrina en este sentido al pueblo por medio de homilías, cambios en la liturgia, etc., para que "tomen conciencia de clase" y se les anima a la lucha contra la "clase dominante". Curiosamente, así la Iglesia viene a ser - - según estos "teólogos"- - respecto a los pobres, lo que el partido comunista pretende ser respecto al proletariado.
La escatología es sustituida por el "futuro de una sociedad sin clases" como la meta de la liberación en la que se habrá "hecho verdad" el amor cristiano a todos, la fraternidad universal.
Evidentemente se trata de un peligroso cúmulo de errores al ser una completa subversión del cristianismo.

Los errores pueden sintetizarse así:

a) el error radical está en el mismo "principio hermenéutico" con el que se pretende interpretar el Evangelio para sacar de ahí una praxis: ese principio es el materialismo histórico, que niega la prioridad del ser sobre el hacer, y por tanto, de la verdad y el bien de la acción humana. Este principio es totalmente falso y no es demostrado ni demostrable;

b) La lucha de clases no sólo es un error porque sea contrario a la caridad (puede haber una guerra justa, existe la legítima defensa, etc.), sino que es un error sobre todo porque se le concibe como algo necesario, ineludible y constitutivo de la historia negando la libertad de la persona y su capacidad para dirigir la historia mediante esa libertad y contando con la Providencia Divina;

c) además de negar verdades fundamentales (sobre Cristo, la Iglesia, los Sacramentos, etc.), en la práctica, conduce a someter a la Iglesia a una dirección política determinada, no sólo ajena a su misión sobrenatural, sino que desemboca en una situación humana deplorable, como en el socialismo real, en el que la persona no cuenta ni se le reconoce su dignidad de hijo de Dios.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que, puede darse una verdadera Teología de la liberación, es decir, del pecado y de sus consecuencias (no sólo de sus consecuencias materiales).

"Una de las condiciones para el necesario enderezamiento teológico es la recuperación del valor de la enseñanza social de la Iglesia" "La enseñanza de la Iglesia en materia social aporta las grandes orientaciones éticas. Pero, para que ella pueda guiar directamente la acción, exige personalidades competentes, tanto desde el punto de vista científico y técnico como en el campo de las ciencias humanas o de la política. A los laicos, cuya misión propia es construir la sociedad, corresponde aquí el primer puesto" (Instrucción sobre algunos aspectos de la "Teología de la Liberación" Libertatis nuntius, 6-VIII-84, XI, 14).

La instrucción de VIII-84, "anunciaba la intención de la Congregación de publicar un segundo documento, que pondría en evidencia los principales elementos de la doctrina cristiana sobre la libertad y la liberación". La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, publicó con fecha 22-III-86, una segunda Instrucción "Sobre la libertad cristiana y la liberación". "Entre ambos documentos - se lee en el segundo -, existe una relación orgánica. Deben leerse uno a la luz del otro".

La Instrucción de III-86, se "limita a indicar los principales aspectos teóricos y prácticos" acerca de la libertad y la liberación; conceptos íntimamente relacionados entre sí, que deben entenderse en su justo sentido, pues aquellas "desviaciones y los riesgos de desviación, ruinosos para la fe y para la vida cristiana" siguen vigentes y "lejos de estar superadas, las advertencias hechas parecen cada vez más oportunas y pertinentes".

Algunos de los exponentes de la "Teología de la Liberación" apoyándose en este segundo documento han pretendido hacer ver que la Iglesia "aprueba" la errónea "Teología de la Liberación" que ellos sustentan. Nada más lejos de la verdad. El segundo documento expone el verdadero concepto de la libertad: "la libertad no es la libertad de hacer cualquier cosa, sino que es la libertad para el Bien, en el cual solamente reside la Felicidad. De este modo el Bien es su objetivo. Por consiguiente el hombre se hace libre cuando llega al conocimiento de lo verdadero, y esto - prescindiendo de otras fuerzas - guía su voluntad". Explica, también, la necesidad de una liberación del mal, del pecado.

El documento pone de manifiesto el papel que desde siempre ha hecho la Iglesia para ayudar al hombre: "La Iglesia tiene la firme voluntad de responder a las inquietudes del hombre contemporáneo, sometido a duras opresiones y ansioso de libertad. La gestión política y económica de la sociedad no entra directamente en su misión (Const. past. Gaudiun et Spes, no. 42,2). Pero el Señor Jesús le ha confiado la palabra de verdad capaz de iluminar las conciencias. El amor divino, que es su vida, la apremia ha hacerse realmente solidaria con todo hombre que sufre. Si sus miembros permanecen fieles a esta misión, el Espíritu Santo, fuente de libertad, habitará en ellos y producirán frutos de justicia y de paz en su ambiente familiar, profesional y social" (no.61).

Germán Godoy Vicencio dijo...

Me llama poderosamente la atención el párrafo que arroja la siguiente sentencia:"...me he cuestionado miilitancia como cristiano comprometido con una teología que ponga su acento en la liberación de las ataduras que nos atrapan en las comodidades de la Babilonia del siglo XXI, en el encuentro comunitario, en el compartir la vida y en la anticipación del Reino a través de la construcción de un orden social más justo, sobre todo para los más postergados...", porque advierto un dejo de desesperanza. Dios es la esperanza misma; podemos dejar que se nos escape el amor, la felicidad, incluso la fe. Pero la esperanza, jamás, porque ella nos permitirá recuperar a las demás cuando estemos dispuestos.
Gracias por el artículo, por el poema; lo he disfrutado.